Autor: Facundo Cabral. 13/12/2007
MIS PAPELES
El presente me tiene tan atareado que nunca releo mis libros (en realidad, cuando van a la imprenta dejan de pertenecerme, comienzan a ser parte de la vida de los demás, ya no de la mía, como seguramente yo tengo más presente a la obra de Bradbury que él mismo, como yo le recordaba a Borges líneas suyas que había olvidado de tal manera que alguna vez me preguntó: ¿esa línea tan bella es mía?, el querido Borges que hablaba en francés con el alemán Ernst Jónger, al que una mañana le interrumpieron la lectura de Heródoto con la noticia de que debía alistarse para la segunda guerra mundial, a él, que ya había estado en la primera, de la que tanto escribí).
Estoy tan en m que el éxito me asombra más que alegrarme, pienso de concierto en concierto (Mazatlán, Culiacán, Los Mochis, Tampico, Veracruz), como pienso que tanto hubo antes para que las cosas sucedan ahora mismo, todos los siglos en este instante, tanta gente para que esto me suceda a mí en esta caliente mañana de Veracruz: el amor de los que me escuchan, las palmeras, el puerto, es decir la promesa del mundo, la ardiente comida Mexicana, el recuerdo de los días en que Estambul era Constantinopla. Tanto hubo antes para que todo sea ahora, esta Plaza de Armas, el Zócalo donde los Veracruzanos se juntan en los atardeceres a bailar danzón, el Capitán, tal vez el último de los Piratas románticos, que aquí se enamoró de una morena y aquí se quedó, como un alegre guía porque nadie sabe cómo él dónde están las aventuras y las diversiones.
Hicieron falta muchos siglos para este momento en este cuarto de hotel, frente a los barcos que alberga el golfo.
A cada rato aparece una nueva Gioconda, pero tantas no desvalorizan a la que Leonardo pintó sobre madera de álamo con una técnica tan sutil que no hay rastro de pincel, magnífico estudio de la luz crepuscular, juego de lo claro y lo oscuro que recrea la pintura antigua, la vida. Detrás, el paisaje da una idea total del mundo.
Pintores y Escultores inspiraron a Dylan Thomas (en homenaje a él, Robert Zimmerman se llama Bob Dylan), que los transcribía para que fueran palabras, que era el mundo en que vivía, él, que sobrevivía entre la pobreza y la cerveza, él, que quería una voz para advertir a los ríos y a las rosas de que en cualquier momento caemos en la nada, algo que aprendimos los hombres que con nuestras lágrimas fecundamos a la tierra, una voz para que la hierba sepa que la juventud, a veces, se dobla como ella por los vientos con que la vida nos prueba, una voz para alertarnos que el viento de la muerte bebe de las fuentes de la vida, que la sangre que cae del cielo cierra todas las heridas, que las estrellas son trampas urdidas por el tiempo.