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martes, 24 de mayo de 2016

FACUNDO POR EL MISMO. Segunda parte. Transcripción Juana Macedo


FACUNDO POR EL MISMO. Segunda parte
Transcripción Juana Macedo

Mi padre se pintó la cara de amarillo para bailar con mi madre, que como de costumbre no se había pintado, mi padre se enamoró de mi madre, mi madre del color amarillo. Mi madre sabía todo, menos que había otra mujer en el mundo y un hombre que no conocía detrás del color amarillo. Es decir que un día, de tarde, mi padre se fue.

Era 1937, salí de mi madre pero entré en el vientre del mundo. Era 1954 caí violentamente al desierto empujado por Jacques Prevert y otros poetas (Verlaine, por ejemplo, que era el dilecto de Borges, que es mi dilecto) y me encontré con Jesús, que me hizo nacer definitivamente a los 17 años y al costado del Atlántico. 

Después la lluvia borro mis huellas y ya no supe regresar a casa. De todas maneras siempre sentí que había nacido demasiado temprano o demasiado tarde, recién ahora siento que llego a tiempo a todas partes porque coincido con el tiempo de todos pues estoy en la eternidad de lo esencial, por eso cualquier cosa que haga es inevitable.

Ya no voy con el dedo acusador delante y se debilitaron mis instintos criminales, dejé de maldecir y comencé a bendecir, ya no blasfemo, ahora agradezco. Por fin tengo el esqueleto blando y esto se lo debo al furioso baile de mi espíritu, ahora voy y vengo fácilmente de mí mismo y mi hambre ya no necesita a la comida y vaya adonde vaya siempre estoy alrededor del alma. La poesía se ha quedado cerca y embellece todo, por eso me escucha la gente. Fácilmente llego a la esencia de las cosas, donde constantemente nace algo. Todo lo que canto llega al destino porque ya conozco el secreto: el mundo muere y renace constantemente y en cualquiera de sus costados se manifiesta lo milagroso (no hay desesperación que no sea iluminada, no hay acto que no sea emocionante, todo feto avanza hacia el nacimiento. Desde que siento que soy parte del universo todo es melodía (ahora sé que bendijo a Tchaikovsky). Sin tiempo ni espacio porque soy uno con mi destino (lo supe al entregarme), voy en todas direcciones con el único ritmo. Estoy solo y feliz, y eso significa que corté el cordón umbilical (que plenitud se siente cuando uno no extraña al vientre materno ni sueña con el más allá, que serenidad la eternidad).






















































































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