martes, 19 de junio de 2018

!Feliz día a los abuelitos!

Los sueños parecen al principio imposible

Me gusta andar...

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO DECIMO 26.

26. Grande es la virtud de la memoria y algo que me causa horror, Dios mío:
multiplicidad infinita y profunda. Y esto es el alma y esto soy yo mismo. ¿Qué soy, pues, Dios mío? ¿Qué naturaleza soy? Vida varia y multiforme y sobremanera inmensa. Vedme aquí en los campos y antros e innumerables cavernas de mi memoria, llenas innumerablemente de géneros innumerables de cosas, ya por sus imágenes, como las de todos los cuerpos; ya por presencia, como las de las artes; ya por no sé qué nociones o
notaciones, como las de los afectos del alma, las cuales, aunque el alma no las padezca, las tiene la memoria, por estar en el alma cuanto está en la memoria. Por todas estas cosas discurro y vuelo de aquí para allá y penetro cuando puedo, sin que dé con el fin en ninguna parte. ¡Tanta es la virtud de la memoria, tanta es la virtud de la vida en un hombre que vive
mortalmente!
¿Qué haré, pues, oh tú, vida mía verdadera, Dios mío? ¿Traspasaré también esta virtud mía que se llama memoria? ¿La traspasaré para llegar a ti, luz dulcísima? ¿Qué dices? He aquí que ascendiendo por el alma hacia ti, que estás encima de mí, traspasaré también esta facultad mía que se llama memoria, queriendo tocarte por donde puedes ser tocado y adherirme a ti por donde puedes ser adherido. Porque también las bestias y las aves tienen memoria, puesto que de otro modo no volverían a sus madrigueras y nidos, ni harían otras muchas cosas a las que se acostumbran, pues ni aun acostumbrarse pudieran a ninguna si no fuera por la memoria. Traspasaré, pues, aun la memoria para llegar a aquel que me separó de los cuadrúpedos y me hizo más sabio que las aves del cielo; traspasaré, sí, la memoria. Pero ¿dónde te hallaré, ¡oh, tú, verdaderamente bueno y suavidad segura!, dónde te hallaré?” Porque si te hallo fuera de mi memoria, olvidado me he de ti, y si no me acuerdo de ti, ¿cómo ya te podré hallar?

!Feliz día amigos!

lunes, 18 de junio de 2018

!Buenas noches amigos!

Mira si sera malo el trabajo...

Nadie puede ser esclavo...

No canto por cantor...

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO DECIMO 25.

25. Ciertamente, Señor, trabajo en ello y trabajo en mí mismo, y me he hecho a mí
mismo tierra de dificultad y de excesivo sudor. Porque no exploramos ahora las regiones del cielo, ni medimos las distancias de los astros, ni buscamos los cimientos de la tierra; soy yo el que recuerdo, yo el alma. No es gran maravilla si digo que está lejos de mi cuanto no soy yo; en cambio, ¿qué cosa más cerca de mí que yo mismo? Con todo, he aquí que, no siendo este «mí» cosa distinta de mi memoria, no comprendo la fuerza de ésta .Pues ¿qué diré, cuando de cierto estoy que yo recuerdo el olvido? ¿Diré acaso que no está en mi memoria lo que recuerdo? ¿O tal vez habré de decir que el olvido está en mi memoria para que no me olvide? Ambas cosas son absurdísimas. ¿Qué decir de lo tercero?
Mas ¿con qué fundamento podré decir que mi memoria retiene las imágenes del olvido, no el mismo olvido, cuando lo recuerda? ¿Con qué fundamento, repito, podré decir esto, siendo así que cuando se imprime la imagen de alguna cosa en la memoria es necesario que
primeramente esté presente la misma cosa, para que con ella pueda grabarse su imagen? Porque así es como me acuerdo de Cartago y así de todos los demás lugares en que he estado; así del rostro de los hombres que he visto y de las noticias de los demás sentidos;
así de la salud o dolor del cuerpo mismo; las cuales cosas, cuando estaban presentes, tomó de ellas sus imágenes la memoria, para que, mirándolas yo presentes, las repasase en mi
alma cuando me acordase de dichas cosas estando ausentes. Ahora bien, si el olvido está en la memoria en imagen no por sí mismo, es evidente que tuvo que estar éste presente. para que fuese abstraída su imagen. Mas cuando estaba
presente, ¿cómo esculpía en la memoria su imagen, siendo así que el olvido borra con su presencia lo, ya delineado? Y, sin embargo, de cualquier modo que ello sea—aunque este modo sea incomprensible e inefable—, yo estoy cierto que recuerdo el olvido mismo con
que se sepulta lo que recordamos.

!Feliz inicio de semana!

viernes, 15 de junio de 2018

!Buenas noches amigos!

El brazo del universo moral es largo, pero se dobla hacia la justicia

Los sueños parecen al principio imposibles...

El chiste de hoy...jaajaa

Haz sólo lo que amas y serás feliz...

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN. LIBRO DÉCIMO 24.

24. ¿Y qué cuando nombro el olvido y al mismo tiempo conozco lo que nombro? ¿De dónde podría conocerlo yo si no lo recordase? No hablo del sonido de esta palabra, sino de la cosa que significa, la cual, si la hubiese olvidado, no podría saber el valor de tal sonido.
Cuando, pues, me acuerdo de la memoria, la misma memoria es la que se me presenta y a si por sí misma; mas cuando recuerdo el olvido, preséntanseme la memoria y el olvido: la memoria con que me acuerdo y el olvido de que me acuerdo. Pero ¿qué es el olvido sino privación de memoria? Pues ¿cómo está presente en la memoria para acordarme de él, siendo así que estando presente no puedo recordarle? Mas si, es cierto que lo que recordamos lo retenemos en la memoria, y que, si no recordásemos
el olvido, de ningún modo podríamos, al oír su nombre, saber lo que por él se significa, síguese que la memoria retiene el olvido. Luego está presente para que no olvidemos la cosa que olvidamos cuando. se presenta. ¿Deduciremos de esto que cuando lo recordamos no está presente en la memoria por sí mismo, sino por su imagen, puesto que, si estuviese presente por sí mismo, el olvido no haría que nos acordásemos, sino que nos olvidásemos? Mas al fin, ¿quién podrá indagar esto? ¿Quién comprenderá su modo de ser.

!Buenos dias amigos!

jueves, 14 de junio de 2018

Hay cosas que duran mientras tenemos corazón

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO DECIMO 23.

23. Mas, si es por medio de imágenes o no, ¿quién lo podrá fácilmente decir? En
efecto: nombro la piedra, nombro el sol, y no estando estas cosas presentes en mí sentidos, están ciertamente presentes en mi memoria sus imágenes.
Nombro el dolor del cuerpo, que no se halla presente en mí, porque no me duele nada, y, sin embargo, si su imagen no estuviera en mi memoria, no sabría lo que decía, ni en las disputas sabría distinguirle del deleite. Nombro la salud del cuerpo, estando sano de cuerpo: en este caso tengo presente la cosa misma; sin embargo, si su imagen no estuviese en mi memoria, de ningún modo
recordaría lo que quiere significar el sonido de este nombre; ni los enfermos, nombrada la salud, entenderían qué era lo que se les decía, si no tuviesen en la memoria su imagen, aunque la realidad de ella esté lejos de sus cuerpos.
Nombro los números con que contamos, y he aquí que ya están en mi memoria, no
sus imágenes, sino ellos mismos.
Nombro la imagen del sol, y preséntase ésta en mi memoria, mas lo que recuerdo no es una imagen de su imagen, sino esta misma, la cual se me presenta cuando la recuerdo. Nombro la memoria y conozco lo que nombro; pero ¿dónde lo conozco, si no es en la memoria misma? ¿Acaso también ella está presente a sí misma por medio de su imagen y no por sí misma?

Se gana y se pierde...

!Buenos días amigos!

martes, 12 de junio de 2018

!Buenas noches amigos!

Ama con todo tu ser, pero sin depender.

Hemos guiado a los misiles y desviado a los hombres

La intuición es el susurro del alma

Huye de las personas que apagan tu sonrisa

El chiste de hoy...jaajaa

Me prometí tomar una gran decisión todos los días...

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN. LIBRO DÉCIMO 21.

21. Igualmente se hallan las afecciones de mi alma en la memoria, no del modo como están en el alma cuando las padece, sino de otro muy distinto, como se tiene la virtud de la memoria respecto de sí. Porque, no estando alegre, recuerdo haberme alegrado; y no estando triste, recuerdo mi tristeza pasada; y no teniendo nada, recuerdo haber temido alguna vez; y no codiciando nada, haber codiciado en otro tiempo. Y al contrario, otras veces, estando alegre, me acuerdo de mi tristeza pasada, y estando triste, de la alegría que tuve. Lo cual no es de admirar respecto del cuerpo, porque una cosa es el alma y otra el cuerpo; y así no es maravilla que, estando yo gozando en el alma, me acuerde del pasado dolor del cuerpo. Pero aquí, siendo la memoria parte del alma—pues cuando mandamos retener algo de memoria, decimos: «Mira que lo tengas en el alma», y cuando nos olvidamos de algo, decimos: «No estuvo en mi alma» y «Se me fue del alma», denominando alma a la memoria misma—, siendo esto así, digo, ¿en qué consiste que, cuando recuerdo alegre mi
pasada tristeza, mi alma siente alegría y mi memoria tristeza, estando mi alma alegre por la alegría que hay en ella, sin que esté triste la memoria por la tristeza que hay en ella? ¿Por ventura no pertenece al alma? ¿Quién osará decirlo? ¿Es acaso la memoria como el vientre
del alma, y la alegría y tristeza como un manjar, dulce o amargo; y que una vez
encomendadas a la memoria son como las cosas transmitidas al vientre, que pueden ser guardadas allí, mas no gustadas?. Ridículo sería asemejar estas cosas con aquéllas; sin embargo, no son del todo de semejantes.

La sociedad humana está mal...

Que tengas un lindo día

lunes, 11 de junio de 2018

EL VENDEDOR DE HUEVOS. Reflexión

¡¡EL VENDEDOR DE HUEVOS!!!

La mujer le preguntó: "¿A cuánto estás vendiendo los huevos?"
El viejo vendedor respondió: a $0.10 el huevo, señora".
Ella le dijo: "Tomaré 6 huevos por $0.50 o me iré".

El anciano vendedor respondió: "Esta bien señora, llévelos al precio que usted quiera". Puede ser, que este sea un buen comienzo, porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.

Ella tomó los huevos y se fue sintiendo que había ganado. Se subió a su automóvil y se fue a un elegante restaurante con una amiga.

Allí, ella y su amiga, ordenaron de la carta, lo que mas les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que ordenaron. Luego ella fue a pagar la cuenta. La cuenta le salió $38.00 Ella dio $40.00 y le pidió  al dueño del restaurante que se quedara con el cambio.

Este incidente podría haber parecido bastante normal para el propietario pero, muy doloroso para el pobre y anciano vendedor de huevos.

La cuestión es:
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder cuando compramos a los necesitados? ¿Y por qué somos tan generosos con aquellos que ni siquiera necesitan nuestra generosidad? ¿Por qué nos gusta tanto vivir de las apariencias?

"Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más.
Me preocupé por este acto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi padre respondió: "Es una caridad envuelta en dignidad, hijo mío"

Sé que la mayoría de ustedes no compartirán este mensaje, pero si sienten que la gente necesita ver esto, difundanlo.

Culpar a los demás...

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO DÉCIMO 20.

20. Todas estas cosas téngolas yo en la memoria, como tengo en la memoria el modocomo las aprendí. También tengo en ella muchas objeciones que he oído aducir falsísimamente en las disputas contra ellas, las cuales, aunque falsas, no es falso, sin embargo, el haberlas recordado y haber hecho distinción entre aquéllas, verdaderas, y éstas, falsas, aducidas en contra. También retengo esto en la memoria, y veo que una cosa es la
distinción que yo hago al presente y otra el recordar haber hecho muchas veces tal
distinción, tantas cuantas pensé en ellas. En efecto, yo recuerdo haber entendido esto muchas veces, y lo que ahora discierno y entiendo lo deposito también en la memoria, para que después recuerde haberlo entendido al presente. Finalmente, me acuerdo de haberme
acordado; como después, si recordare lo que ahora he podido recordar, ciertamente lo recordaré por virtud de la memoria.

Que hoy Dios nos de fuerza, coraje, fe, sabiduría...

domingo, 10 de junio de 2018

!Feliz noche!

Dame tu mano...

Nunca subestimes al tiempo, todo puede cambiar en un instante

Nunca subestimes al tiempo

Un sabio dijo...

Solamente lo barato...