Lo más duro de crecer, es ver a mamá envejecer
Cuántas veces nos quejamos de ella, que si habla mucho, que si se mete en todo, que si exige demasiado, que siempre está ahí, preocupada por cosas que creemos que no importan.
Pero es que a mamá nunca se le apaga el corazón cuando se trata de sus hijos; ama tanto, que muchas veces confunde amor con aguantarlo todo, aguanta gritos, desplantes, desprecios y aún así, sigue defendiendo a quienes más la hieren.
Hay madres que callan por amor, que tapan cosas que les rompen el alma. Y mientras todos siguen con sus vidas, ella envejece en silencio, con el corazón lleno de cargas que no le corresponden.
Pero cuando se va… Ahí sí aparecen las flores más caras, ahí sí se contrata la mejor banda, ahí sí las lágrimas caen sin consuelo.
Y entonces uno se pregunta: ¿Por qué esperamos hasta el último día para darle todo? ¿Por qué no la valoramos cuando todavía está?
No esperes a que mamá ya no esté para darte cuenta de que lo dió todo por ti.
Ámala hoy.
Escúchala hoy.
Abrázala hoy.
Porque crecer duele, pero verla envejecer sin amor, duele aún más.
Créditos al autor correspondiente .
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