"HAY UNA SOLA RELIGIÓN, EL AMOR. HAY UN SOLO DIOS Y ESTÁ EN TODAS PARTES"
miércoles, 26 de agosto de 2020
Juan 10 1-42
martes, 25 de agosto de 2020
Juan 9 1-41
Jesús sana a un ciego de nacimiento
JUAN 9
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
Los fariseos interrogan al ciego
sanado
13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; 21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. 25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. 29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. 30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. 32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. 33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
Ceguera espiritual
35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. 40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? 41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
lunes, 24 de agosto de 2020
Juan 8 1-48
JUAN 8
1 y Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Jesús, la luz del mundo
12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. 13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. 14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. 15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. 16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. 17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. 19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. 20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
A donde yo voy, vosotros no podéis venir
21 Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy,
y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no
podéis venir. 22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que
dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir? 23 Y les dijo: Vosotros sois de
abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo
soy, en vuestros pecados moriréis. 25 Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres?
Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho. 26 Muchas cosas
tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo,
lo que he oído de él, esto hablo al mundo. 27 Pero no entendieron que les
hablaba del Padre. 28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo
del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino
que según me enseñó el Padre, así hablo. 29 Porque el que me envió, conmigo
está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
La verdad os hará libres
31 Dijo entonces Jesús a los judíos
que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis
verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido
esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
34 Jesús les respondió: De cierto, de
cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el
esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así
que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois
descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla
cabida en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros
hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.
Sois de vuestro padre el diablo
39 Respondieron y le dijeron: Nuestro
padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de
Abraham haríais. 40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado
la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis
las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de
fornicación; un padre tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces les dijo: Si
vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido,
y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué
no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros
sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.
El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad,
porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es
mentiroso, y padre de mentira. 45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué
vosotros no me creéis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto
no las oís vosotros, porque no sois de Dios.
La preexistencia de Cristo
48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? 49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. 50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. 51 De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. 52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte. 53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? 54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. 55 Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. 56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. 59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.
domingo, 23 de agosto de 2020
EL ZORRO. Reflexión
Juan 7 1-53
Incredulidad de los hermanos de Jesús
JUAN 7
1 Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. 2 Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; 3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5 Porque ni aun sus hermanos creían en él. 6 Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. 7 No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. 8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. 9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
Jesús en la fiesta de los tabernáculos
10 Pero después que sus hermanos
habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino
como en secreto. 11 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde
está aquél? 12 Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos
decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo. 13 Pero ninguno
hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos.
14 Mas a la mitad de la fiesta subió
Jesús al templo, y enseñaba. 15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo
sabe éste letras, sin haber estudiado? 16 Jesús les respondió y dijo: Mi
doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. 17 El que quiera hacer la
voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi
propia cuenta. 18 El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca;
pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él
injusticia. 19 ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley?
¿Por qué procuráis matarme? 20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes;
¿quién procura matarte? 21 Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos
os maravilláis. 22 Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de
Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo circuncidáis al hombre. 23
Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de
Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané
completamente a un hombre? 24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad
con justo juicio.
¿Es éste el Cristo?
25 Decían entonces unos de Jerusalén:
¿No es éste a quien buscan para matarle? 26 Pues mirad, habla públicamente, y
no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el
Cristo? 27 Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie
sabrá de dónde sea. 28 Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y
dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero
el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. 29 Pero yo le
conozco, porque de él procedo, y él me envió. 30 Entonces procuraban prenderle;
pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora. 31 Y muchos de
la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más
señales que las que éste hace?
Los fariseos envían alguaciles para
prender a Jesús
32 Los fariseos oyeron a la gente que
murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos
enviaron alguaciles para que le prendiesen. 33 Entonces Jesús dijo: Todavía un
poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. 34 Me buscaréis, y no
me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir. 35 Entonces los
judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los
dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos? 36 ¿Qué significa esto
que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no
podréis venir?
Ríos de agua viva
37 En el último y gran día de la
fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed,
venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior
correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los
que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no
había sido aún glorificado.
División entre la gente
40 Entonces algunos de la multitud,
oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta. 41 Otros
decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el
Cristo? 42 ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de
Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo? 43 Hubo entonces disensión
entre la gente a causa de él. 44 Y algunos de ellos querían prenderle; pero
ninguno le echó mano.
¡Nunca ha hablado hombre así!
45 Los alguaciles vinieron a los
principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le
habéis traído? 46 Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado
como este hombre! 47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros
habéis sido engañados? 48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o
de los fariseos? 49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. 50 Les dijo
Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: 51 ¿Juzga acaso
nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? 52
Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de
Galilea nunca se ha levantado profeta.
La mujer adúltera
53 Cada uno se fue a su casa;



































