Autor: Facundo Cabral. 13/12/2007
MIS PAPELES
Sigo siendo un hombre esperanzado, pero mis esperanzas son más prudentes, ya no se alargan tanto, lo que quiere decir que ahora soy mesuradamente optimista (a esta edad, uno comprueba que lo malo no era tan malo ni lo bueno tan bueno, como a esta edad se comprueba que el arte sucede). Solo me dejo llevar, entonces no es mérito mío haber llegado a esta edad, en la que por suerte estoy fuerte porque de aquí en más comenzarán a irse los amigos, es más ya comienzo a sospechar el sillón en el que me sentaré a esperar a la eterna vencedora, la que, seguramente, me encontraré leyendo, tal vez a Goethe, que llamó soledad progresiva a este ir perdiendo amigos.
Desde el presente agiorno al pasado, por eso cada día lo veo con más benevolencia, por eso avanzo hacia el futuro tranquilo, si es que hay algo más que el instante (el transcurrir del tiempo solo se puede ver a la distancia, en el ahora mismo es imposible notar el devenir, es más, si todavía siento el ayer, el ayer es hoy porque solo puede ser pasado lo superado, por lo tanto para mi nunca serán pasado ni Shakespeare ni Manet ni Eliot). No hay eternidad para recuperar el instante que perdí, por eso debo vivirlo permanentemente, y es mía, solo mía la decisión, y un instante vivido con plenitud perdona todos los errores. La vida me lleva de un extremo a otro, pero en mí está la unidad, de cerca parecen fragmentos, pero de lejos se ve la totalidad (a la distancia, esas notas sueltas conforman una melodía). Plantado en mí mismo, puedo atreverme a todas las corrientes (estuve tan atento a mí mismo que pude ir del mismo abandonado al patriarca que cobija a todos, y se me ocurre pensar esto recordando a mi madre, que cuando le pregunté que venía después de viejo, me dijo: Patriarca!).
Tuve mucha suerte, por ejemplo viví los años sesenta, y el que no los vivió no sabe lo que es vivir poéticamente, eso es lo único que me da pena de los jóvenes de hoy, de todas maneras, al Universo no le van ni le vienen las felicidades o las desdichas de los humanos, como sigue creciendo la hierba en los campos de batalla. Después los setenta y los ochenta fueron muy duros, pero me sirvieron para comprobar que ya no tenía miedo y que, si de la cuna a la tumba es una escuela, lo que llamaba problemas eran lecciones, y así, entre colibríes y montañas, fueron creciendo mis canciones, que es mi vida atomizada (a veces, como ahora, me siento poseído por la pura inspiración, hace un instante sobre la tierra y ahora a diez mil metros de altura, por eso la pluma juega sola sobre el papel, la pluma alemana sobre el papel mexicano, por eso siento como sueños a lo que los académicos llaman ensayos, y en estos momentos uno siente el destino, como aquellos días en la Isla de Pascua, en el Cuzco y en Chetumal, días en que, en un instante, vivenció a la eternidad).
Yo pensaba que a esta edad uno comienza a apartarse del mundo, y sucede todo lo contrario: lo contemplo con más claridad, y desde adentro, desde su propio corazón, es decir del presente en constante ebullición. Estoy en el centro de esta excitante batalla, entre todos pero solo, para no perder consciencia (poco a poco me fui apartando de las apariencias, pasó de la sombra a lo que la provoca). Ya soy capaz de respetar mi propia historia, y al verme con simpatía soy una totalidad (ahora soy un patriota, si la patria es la tierra, por eso me siento siempre en mi lugar, y aunque me moviera poco sigo siendo el rey, como en el ajedrez).
Los muertos del papel me inspiran más que los vivos del asfalto (Sterne, Mallarmé, Nietzsche, Stendhal). Me remodelan, es decir me mejoran a cada lectura, me excitan de tal manera que los continúo escribiendo este interminable osario que, atomizado, será mis libros, los que conformarán la obra que será el espejo de mi vida y, por supuesto, yo seré (es más, ya soy) mi propio editor porque no estoy dispuesto a perder tiempo e independencia con las editoriales (que son nadie), con las escuelas y con los grupos donde se debilita y asfixia el individuo, que es lo único verdadero porque solo a partir de él existe todo.
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