miércoles, 16 de septiembre de 2026

LEVÁNTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL. 12. Juana Macedo.


No ensombrezcas a tu cabeza que enfermará tu cuerpo, con la disciplina, con el rigor y como toda obligación, solo trae cansancio y hastío, y solo relajado se entra a la verdadera vida, escúchate, la iluminación está en lo más profundo de tu ser. No destruyas a tu inteligencia con el esfuerzo y cuando te ilumines todo se iluminará a tu alrededor, entonces comprenderás que la vida es una fiesta y que lo que llamamos problemas son lecciones y que todo es por algo, porque nada está fuera del todo, es decir que cuando veas muy adentro verás muy afuera, tanto que verás adentro de las cosas que te rodean, entonces naturalmente calmarás y hasta curarás.

Tienes una sola tarea completar tu propia naturaleza y para esto tienes que estar en la sociedad como si no fueras parte de ella, la sociedad que es tan mediocre y suicida que sigue apostando a cosas que nunca funcionaron y no funcionarán.

Calla a tu ego, que para crecer busca lo imposible, por eso te condena a un constante malestar, a un eterno desagrado que ves en todas las caras que cruzan por las calles de las ciudades del mundo.

Ni comprar las mejores cosas los alegra, hasta dentro de un Mercedes Benz y de los mejore hoteles reina el malhumor. Ya nadie silva ni canta por las calles, excepto los vagabundos, aparentes perdedores...

LA HIJA DEL MILLONARIO ERA MUDA...

La hija del millonario era muda… hasta que una niña le dio agua y ocurrió lo imposible…
La hija del millonario nunca había hablado, pero cuando una niña pobre le dio agua, sucedió lo imposible. Su primera palabra estremeció a todos, el agua que cambió todo. Una niña sin voz, otra sin hogar y un encuentro que desataría la verdad más impactante. Pero nadie imaginó lo que vendría después.

El sol caía implacable sobre las calles de Polanco, uno de los barrios más exclusivos de la Ciudad de México. Diego Mendoza, de 35 años, caminaba con paso elegante hacia su BMW negro, ajustándose la corbata de seda italiana. Su traje hecho a medida brillaba bajo la luz del mediodía mientras revisaba su Rolex submariner. Las 2:30 pm, perfecto para recoger a Isabela. A su lado, como una pequeña sombra silenciosa, caminaba su hija de 6 años. Isabela Mendoza era una niña hermosa con grandes ojos café que parecían guardar 1000 secretos.

Su vestido blanco inmaculado y sus zapatos de charol contrastaban con la tristeza que siempre parecía llevar consigo. Desde que nació, Isabela jamás había pronunciado una sola palabra. “Vamos, princesa”, le dijo Diego con ternura, extendiendo su mano hacia ella. Isabela lo miró con esos ojos enormes y tomó su mano sin emitir sonido alguno. Era su rutina de cada día salir del consultorio del neurólogo, donde mes tras mes recibían la misma respuesta desalentadora. Los mejores especialistas de México habían examinado a Isabela, doctores de Houston, de España, incluso un reconocido neurocirujano de Suiza, había volado especialmente para verla.

Todos llegaban a la misma conclusión. Físicamente Isabela estaba perfecta. No había daño neurológico, no había trauma físico, simplemente no hablaba. Es algo psicológico, había explicado el doctor Ramírez esa misma tarde. Señor Mendoza, su hija tiene todas las capacidades para hablar. Hay algo más profundo que la está bloqueando. Diego apretó el volante mientras manejaba hacia casa. Su mansión en las lomas de Chapultepec lo esperaba con sus jardines perfectamente cuidados y su personal de servicio siempre impecable. Pero toda esa riqueza no había podido comprar lo único que más deseaba, escuchar la voz de su hija


qué esperaba lograr, pero la reacción de Isabela había sido demasiado significativa como para ignorarla. “Vamos a ver a la niña del agua”, le preguntó a Isabela mientras desayunaban.

Para su sorpresa, Isabela asintió enérgicamente, más emocionada de lo que la había visto en meses. A las 2:30 pm, exactamente a la misma hora del día anterior, Diego manejó hacia la esquina de Reforma. Isabela iba sentada en el borde de su asiento, mirando ansiosamente por la ventana. Y ahí estaba Esperanza, con su carrito improvisado lleno de bolsas de agua, gritando alegremente su mercancía bajo el sol implacable. Al ver el BMW negro acercarse, una gran sonrisa iluminó su rostro.

“Señor Diego, princesita Isabela”, gritó corriendo hacia el auto. “¡Qué bueno que vinieron otra vez! Isabela se aferró a la puerta del auto tratando de bajar la ventana más rápido. Diego se sorprendió al ver la urgencia en los movimientos de su hija. “Hola, Esperanza”, le dijo Diego. “¿Cómo supiste nuestros nombres?” Esperanza se rió con picardía. “Ayer me dijiste que te llamabas Diego y a ella la llamaste princesa, pero se nota que es una Isabela. Tiene cara de Isabela.” Diego sonrió genuinamente por primera vez en semanas.

¿Tienes hambre, Esperanza? ¿Quisieras acompañarnos a comer algo? Los ojos de Esperanza se iluminaron, pero luego se ensombrecieron con preocupación. Ay, Señor, no puedo dejar mi puesto. Si no vendo, mi mamá se va a preocupar. ¿Cuánto vendes normalmente en una tarde? Como 200 pesos, si tengo suerte. Diego sacó su cartera y le entregó 500 pesos. Considera que ya vendiste todo. Vamos a comer. Esperanza guardó cuidadosamente el dinero en su pequeña mochila escolar y subió al auto. Isabela inmediatamente se acercó a ella, algo completamente fuera de carácter para una niña que normalmente evitaba el contacto físico.

¿A dónde quieren ir?, preguntó Diego. A los tacos de doña María, exclamó Esperanza sin dudar. Están buenísimos y no son caros. están cerca del mercado. Diego dudó por un momento. Él normalmente frecuentaba restaurantes de cinco estrellas, pero viendo la emoción en los ojos de Isabela, decidió seguir el flujo. El puesto de tacos de doña María era exactamente lo que Diego había imaginado. Mesas de plástico, sillas desparejas y el aroma irresistible de carne asada mezclándose con el sonido de la plancha caliente.

Era un mundo completamente diferente al suyo, pero había algo auténtico y cálido en el ambiente. Esperanza! Gritó una mujer robusta desde detrás del comal. Ya no andas vendiendo agüita. Doña María le presento a mis amigos Diego e Isabela. Nos invitaron a comer tacos. Doña María observó el traje caro de Diego y luego miró a Isabela con su vestido de diseñador. Sus ojos mostraron un destello de comprensión mezclado con curiosidad. Bienvenidos a mi humilde negocio”, dijo con una sonrisa cálida.

“¿Qué se les antoja?” Mientras esperaban la comida, Esperanza comenzó a platicarle a Isabela sobre su vida. Hablaba de su escuela, de sus maestros, de su abuela que hacía los mejores tamales del mundo. Isabela escuchaba cada palabra con una atención que Diego jamás había presenciado. “¿Sabes qué, Isabela?”, le dijo Esperanza mientras masticaba su taco. Mi abuelita siempre dice que cuando conoces a alguien especial, tu corazón te lo dice aquí adentro. Se tocó el pecho y cuando te vi ayer, mi corazón me dijo que eras especial.

Isabela la miraba con los ojos muy abiertos. Lentamente llevó su pequeña mano a su propio pecho, imitando el gesto de esperanza. “¿Tu corazón también te dice cosas?”, le preguntó Esperanza con ternura. Isabela asintió lentamente y para asombro de Diego, sus labios volvieron a moverse como si estuviera tratando de hablar. “Está bien si no quieres hablar”, le dijo Esperanza tomando la mano de Isabela. A veces las palabras no son tan importantes como los sentimientos, pero cuando estés lista, yo voy a estar aquí para escucharte.

En ese momento, algo extraordinario sucedió. Isabela apretó la mano de esperanza y con un esfuerzo visible susurró algo tan bajito que apenas se pudo escuchar. Es p ran sa Diego dejó caer su taco. Doña María se quedó congelada con la cuchara en el aire. El bullicio del mercado pareció detenerse por un instante. “Dijiste mi nombre”, susurró Esperanza con lágrimas en los ojos. Isabela asintió y esta vez con más claridad repitió, “Esperanza.” Diego sintió que el mundo se movía bajo sus pies.

Después de 6 años de silencio absoluto, su hija había pronunciado su primera palabra y no había sido papá o mamá, sino el nombre de una niña que acababa de conocer. “Isabela habló. Isabela habló, gritó Esperanza saltando de su silla. Toda la gente del puesto de tacos volteó a ver y pronto se formó un pequeño círculo de curiosos. Diego tenía lágrimas corriendo por sus mejillas, se acercó a Isabela y la abrazó suavemente. Mi amor, hablaste, dijiste su nombre.

Isabela lo miró y con una voz pequeña pero clara dijo, “Pa, pa. El puesto de tacos estalló en aplausos. Doña María se persignó y murmuró una oración de agradecimiento. Esperanza bailaba alrededor de la mesa gritando de alegría. Pero en medio de toda la celebración, Diego notó algo en los ojos de Isabella. Era miedo. Como si hablar hubiera roto algún tipo de hechizo que la protegía y ahora temiera las consecuencias. ¿Qué pasa, princesa?, le preguntó suavemente. Isabela. Lo miró con esos grandes ojos café y susurró algo que heló la sangre de Diego.

Mami, va a estar enojada. Diego sintió que algo se rompía en su pecho. ¿Por qué Isabela tendría miedo de que su madre se enojara porque había hablado? ¿Qué tipo de secreto guardaba su pequeña hija? Esperanza, que había escuchado el comentario, se acercó a Isabela y le acarició el cabello. ¿Por qué estaría enojada tu mami? Hablar es algo bonito. Isabela bajó la mirada y volvió a su silencio. Pero ahora Diego sabía que era diferente. Ya no era un silencio involuntario, sino uno cargado de secretos y miedos.

sonido que Diego no había escuchado en años. Sí, pero lo más divertido son los jardines.

Hay una alberca y columpios. Durante el camino a las lomas de Chapultepec, Esperanza no paró de hacer preguntas. ¿De verdad tienen alberca? ¿Y cuántos cuartos tienen jardinero? Isabela respondía a todo con una alegría contagiosa. Era como si la presencia de esperanza hubiera liberado no solo su voz, sino toda su personalidad que había estado reprimida durante años. Al llegar a la mansión, Esperanza se quedó sin palabras. Los jardines perfectamente cuidados, la fuente en la entrada, las columnas de mármol, todo era como un cuento de hadas para una niña que vivía en un departamento de dos cuartos en una colonia popular.

lunes, 14 de septiembre de 2026

LEVANTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL. 11. Juana Macedo.

Si dices lo que nunca te animaste a decir, hasta lo que no tiene sentido comenzarás a sacar la basura que la sociedad te metió en la cabeza, entonces comenzará el silencio en ella, lo que quiere decir que vivirás cada cosa y cada acto como por primera vez como el mas pequeño de los niños y para ello tienes que estar atento a lo que sucede dentro tuyo como estás atento al tránsito de automóviles antes de cruzar la calle, es decir solo tienes que dejar la inconciencia para entrar a la conciencia.

 

Ningún esfuerzo solo relajarse para llegar a la iluminación, que es una silenciosa y constante lluvia de flores y la iluminación llega sola, como el amor, pero para eso debes estar siempre atento, es decir libre de todo lo que no seas tu mismo, consciente de lo que te sucede, sin buscar, porque la búsqueda te pone tenso, atento a una sola cosa, lo que trae ansiedad que aleja a la iluminación.

Debes estar tan relajado que los demás piensen que no estás y en ese silencio te darás cuenta que tu alma siempre está iluminada. Entonces tu vida será una maravillosa canción como la mía...(Seguir leyendo presionando la foto) 

NO VUELVAS DONDE UN DÍA FUISTE FELIZ

No vuelvas donde un dia fuiste feliz, es una trampa de la melancolía, todo habrá cambiado y ya nada será igual, ni tan siquiera tú.

No intentes buscar los mismos paisajes, ni a las mismas personas, no estarán, el tiempo juega sucio, y se habrá encargado de destrozar todo aquello que un dia te hizo feliz.

No regreses al lugar donde un dia fuiste feliz, retenlo siempre en tu memoria, tal como era, pero no regreses.

No vuelvas al pasado, ya lo conoces, la vida sigue y hay nuevos caminos que recorrer, nuevos lugares que visitar y otras personas que nos esperan.

LEVANTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL. 10. Juana Macedo

No escapes de la soledad porque por ello te conocerás, es más, te guste o no, después de cada experiencia volverá, y es el mejor espejo para que sepas quién eres, algo grande al que no engañarán tus pequeñeces, y la soledad no es triste, es profunda porque te lleva al centro de tu ser al que muy pocos se animan, la soledad el único estado en el que puedes sentir la totalidad de la libertad, la soledad cuya consecuencia es el verdadero amor que no es posesivo, como la meditación aparece sin esfuerzo. No escapes de tu reino que es la soledad, no dejes tu mayor tesoro, entonces no dependerás de nadie y podrás beneficiar a cualquiera.

Relájate es el primer paso para el vuelo, el paso anterior a la iluminación y comienza a relajarte desde la superficie porque ahí es donde estás, después relaja tus reacciones, tus actitudes, cada vez más lento hasta llegar a la quietud, pero tranquilo sin prisa porque tienes a la eternidad por delante, lo que no has vivido no te dejará en paz hasta que lo vivas, es más, cada día será más pesado y lo no vivido te hace temer lo que vendrá, por eso es un insoportable conflicto. 

Detente y mira, toda la existencia baila alrededor tuyo, y puede bailar porque estás relajada por eso el universo se expande constantemente, piensa que naciste para vivir, algo que nadie puede hacer por tí, entonces, cómo puedes perder este tiempo precioso abandonándote, complicándote con los demás, y si tomas conciencia de esto comenzarás a relajarte solo hasta caminarás más lento, entonces verás más y te escucharán todas las partes de tu cuerpo, al que ya no volverás a reprimir, es decir a empobrecer y enfermar...

Diecisiete años después de fotografiarla cubierta de polvo mientras escapaba del World Trade Center, Phil Penman recibió una petición

Diecisiete años después de fotografiarla cubierta de polvo mientras escapaba del World Trade Center, Phil Penman recibió una petición inesperada de aquella misma mujer:

Quería que fotografiara su boda.

Joanne “JoJo” Capestro trabajaba como asistente ejecutiva en el piso 87 de la Torre Norte cuando, a las 8:46 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, el vuelo 11 de American Airlines impactó varios pisos por encima de ella.

El edificio se sacudió. Cayeron placas del techo y el olor a combustible comenzó a extenderse por las oficinas.

Joanne y sus compañeros encontraron una escalera de emergencia y comenzaron a bajar.

Ochenta y siete pisos.

Durante el descenso quedó impresionada por una escena que recordaría durante años: los empleados evacuaban manteniéndose a un lado mientras bomberos cargados con decenas de kilos de equipo subían en dirección contraria.

Joanne consiguió llegar a la calle aproximadamente cuando se derrumbó la Torre Sur. Corrió hacia la zona de la capilla de St. Paul mientras una enorme nube de polvo cubría el Bajo Manhattan. Cuando comenzó a disiparse, encontró a Dominique, una compañera de trabajo.

Las dos continuaron juntas.

Joanne caminaba en medias, cubierta de polvo y con un brazo alrededor de Dominique cuando Phil Penman levantó su cámara.

No se conocían.

Él tomó la fotografía y ambos siguieron su camino.

Durante años, Joanne ni siquiera supo quién había registrado aquel momento. En 2016, cuando Penman mostró sus fotografías al Museo Memorial del 11-S, miembros del equipo reconocieron a Joanne, que anteriormente había donado al museo la ropa y objetos que llevaba aquel día.

Finalmente los pusieron en contacto.

Cuando se encontraron, Joanne le explicó que aquella fotografía le había proporcionado algo que llevaba años buscando: una forma de cerrar parte de aquella experiencia.

El 11 de agosto de 2018, Joanne se casó con Robert Vasquez.

Esta vez ella decidió quién estaría detrás de la cámara.

Llamó a Phil Penman.

Diecisiete años después de fotografiarla mientras escapaba cubierta de polvo, el mismo hombre la retrató vestida de novia.

Joanne resumió aquella extraña conexión en una sola frase:

“Phil estuvo conmigo en el mejor día de mi vida y en el peor día de mi vida”.

Quien tiene la razón?

Cómo se llama el perro?


sábado, 12 de septiembre de 2026

LEVÁNTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL. 9 Juana Macedo.

 


El amor es luz, por eso no puede detenerse en las sombras del que no se conoce. ¿Cómo te verá el amor si no te ha visto?, cuando desborde felicidad llegará el amor, exige tierra fértil porque su deber es alimentar a la vida, no entretener a los aburridos. Exige que todos sean perfectos, fracaso seguro, porque te exiges la perfección, no la felicidad que es la que llama al amor, que es perfecto en sí mismo. La idea de la perfección ha envenenado a mucha gente desde hace muchos siglos. 

Vive aquí y ahora, no pienses en la perfección que siempre es mañana, es decir nunca, no te distraigas del jardín, del ahora mismo y mañana, es decir uno de los ahora mismo que vendrá, tendrá flores, entonces será fácilmente bello y generoso como la flor. Olvida la periferia y entra a tu templo es decir a ti mismo, entonces sabrás quién eres, entonces sabrás que quieres y para qué. 

El amor no es una relación, es una expansión porque cada uno debe hacerse cargo de sí mismo. Podemos hacer cosas por los demás, pero no hacernos cargo de los demás ni debilitarnos permitiendo que los demás se ocupen de uno. 

Tu vida está en tus manos, tú decides ser feliz o infeliz, decisión que seguramente influenciará a los demás. Si vas de tus raíces que es tu ideología a tu vuelo que es tu conciencia, siempre darás amor porque ya hiciste de ti un hombre libre y feliz, pero que podrías dar si no te diste nada y que no haya flores en tu jardín, confirma que todavía no llegaste a la primavera.

viernes, 11 de septiembre de 2026

LEVÁNTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL 8. Juana Macedo


 

Es la hora de la razón, y la razón de nacer es vivir y solo se puede vivir en plenitud, haciendo lo que se ama para vivir en un constante goce, cantar hasta convertirse en el canto, bailar hasta desaparecer en la danza, hasta convertirse en la danza, encender la hoguera del amor, hasta convertirnos en el mismísimo fuego. 

El tesoro más grande que llevas dentro es el amor que te lleva graciosamente de lo humano a lo divino, pero para encontrarlo debes conocerte y para eso debes ser honesto contigo mismo y para eso debes estar despierto, atento a la pequeña voz que te llega desde lo más profundo, no a los gritos de la multitud que te rodea, libre de los que en nombre del amor, quieren encadenarte a su hastío, a sus tediosas reiteraciones. Apártate para crecerte en la meditación y te asombrará comprobar todo el amor que contienes, tanto que puedes ayornar a todo lo que te rodea porque el amor es vida, expansión, no compromiso, ni deber, ni obligación, sino celebración y toda celebración libera. Por eso es imposible que haya amor sin libertad.

Dentro tuyo está la semilla de la que pueden nacer millones de flores, Bach y Mozart son un ejemplo de lo que te digo, Michelangelo y Picasso, como Neruda y Homero. Calma tu mente, entonces tu corazón recreará la vida a tu alrededor, tan graciosa como poéticamente. En estado de plenitud, la música y la poesía son todo el tiempo; Es más, aun quieto, bailaras y volarás. 

Levántate y anda, acércate a los sabios y a los valientes que son siempre nuevos, no seas viejo siguiendo a la vieja educación que por prejuiciosa siempre creo fracasados.

Que es tan frágil que con solo decir su nombre se rompe