martes, 30 de diciembre de 2014

LEVÁNTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL (Transcripción Juana Macedo. Parte 2)


LEVÁNTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL
(Transcripción Juana Macedo. Parte 2)

Tranquilízate, sálvate de planes porque la vida te llevará a donde te tenga que llevar, la vida que tiene sentido en sí misma, por eso no tiene por qué coincidir con tus conclusiones, la vida sobre la que no tienes derecho porque le perteneces, la vida que solo es inexplicable para los que creen que saben, que solo es confusa para los que se confunden con las explicaciones que te alejan de la vida, que es acción constante por lo tanto inapresable, sorpresiva, excitante.

Los eruditos tienen todas las respuestas pero no le sirven porque la vida es dinámica, por eso constantemente cambia las preguntas, por eso hay que detenerse y quedarse en silencio para poder entrar en su acción, o como dice el taoísmo: “El no hacer es el único  capaz de hacer todas las cosas”.

Libérate de la periferia donde muchos reaccionan y pocos accionan, reaccionar es mecánico, compulsivo y accionar es un movimiento gracioso, fácil, natural.

Libérate del entorno donde señorea la obligación, no el amor, donde todos manipulan por lo tanto son manipulados, donde cualquiera enciende y apaga a cualquiera.

Los críticos no llegan a mí con sus halagos o  dudas porque hace muchos años que  estoy a salvo de las manipulaciones de los otros, solo atento a lo que soy, es decir a lo que amo, que es lo que hago, por lo tanto, tampoco  existen para mí  el éxito o el fracaso, por eso me ves tan liviano y tranquilo. Es decir, soy mi espejo, mi maestro, el resumen de lo mejor que encontré cuando aprendí que la vida es lo que es, no lo que debería.

Mantén la distancia y nada te afectará, nadie te desviará de tu camino, ni los golpes, ni los aplausos. Tú debes ser la medida de lo que haces, agua donde muere el fuego que te tiran y tu tranquilidad transformará en flores las espinas que ponen en tu camino y esto sucederá expontánea, naturalmente. Contempla primero, pero para actuar después, esto es cerrar el círculo que es cada instante y hay que cerrarlo para poder pasar al próximo, siempre estamos saliendo de un útero para entrar a otro mayor, pero tómalo con tranquilidad, porque  transitamos la eternidad y el infinito y en la eternidad siempre estamos recomenzando, y en un infinito podemos tomar cualquier dirección.

Ahora mismo puedes cambiar hasta tu nombre, es más, ya que no te sientes bien, cámbialo todo y empieza de nuevo ahora mismo, sin perder ni un solo segundo con el pasado, ni un solo instante planeando al futuro y menos haciéndote cargo de nadie, no olvides que solo eres responsable de ti mismo. Por eso todo lo que hagas fuera de ti, es una fuga.

Desnúdate como Francisco, entonces comprobarás que solo necesitas lo que te fue dado al nacer, la vida sabe lo que hace, sabe lo que necesitaremos para vivirla, entonces lo mejor es dejarse llevar por ella que nos habla a través de todo, que es amor, por eso alcanzamos la felicidad cuando escuchamos al corazón antes de que intervenga la cabeza y no le tengas miedo a la riqueza porque eres naturalmente rico.


No olvides que tienes corazón, cerebro, alma, espíritu y un planeta lleno de maravillas alrededor tuyo, desde la flora a la fauna, y no permitas que lo artificial te distraiga de lo esencial, aprende de todas las escuelas pero no te quedes en ninguna porque la meta es llegar a ti mismo, presta atención a todo sin involucrarte, porque nada puede ser trivial, porque todo es parte del grandioso universo. (Sigue parte 3)

1 comentario:

  1. Todo consejo, por la ley de la libertad, puede generar su rechazo. Así que, los consejos no son buenos para tener libertad para poder mirar a los ojos de los demás.
    Pues curiosamente, cuando uno da un consejo alguien quiere que tenga rango de ley, para que se obedezca. Y claro, ahí no puede haber compasión ni amor por los otros. De manera que uno no tiene que querer nada de los demás. Sin importarnos cómo visten, cómo viven. Pues la libertad -y el dolor que nos puede generar- es la enseñanza. Donde no hay maestro ni discípulo. O, uno es el discípulo y el maestro a la vez.

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