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jueves, 16 de abril de 2015

VIVIR SIN MIEDO. Eduardo Galeano. (Transcripción Juana Macedo, video)




VIVIR SIN MIEDO. Eduardo Galeano. 
(Transcripción Juana Macedo, video)

El miedo amenaza, si usted ama tendrá SIDA, si fuma tendrá cáncer, si respira tendrá contaminación, si bebe tendrá accidentes. Si come tendrá colesterol. Si habla tendrá desempleo, si camina tendrá violencia, si piensa tendrá angustia, si duda tendrá locura, si siente tendrá soledad.

Para tener aliento hay que tener desaliento, para levantarse hay que saber caerse, para ganar hay que saber perder y hay que saber que esa es la vida nomás, te caes y te levantas muchas veces y algunos se caen y no se levantan nunca más, que en general son los más sensibles, los más fáciles de lastimar, digamos no, la gente a la que más le duele vivir, la gente más sensible es la más vulnerable y en cambio, los hijos de p… que se dedican a atormentar a la humanidad, viven vidas larguísimas, esos no se mueren nunca, porque no tienen una glándula que la verdad se da bastante poco, que se llama conciencia y que es la que te atormenta por las noches.

Creo que el ejercicio de la solidaridad, cuando se practica de veras en el día a día, es también un ejercicio de la humildad, que te enseña a reconocerte en los demás y a reconocer la grandeza escondida en las cosas chiquitas, lo cual implica también denunciar la falsa grandeza de las cosas grandotas, en un mundo que confunde la grandeza con lo grandote. 

Hace poco en una entrevista que me hicieron en Madrid, hace bien poquito un periodista me dijo: Y si yo leyendo tus libros siento, que tú tienes un ojo en el microscopio y el otro ojo en el telescopio, (risas) y me pareció una buena definición por lo menos, de mis intenciones, de lo que me gustaría hacer escribiendo. Ser capaz de mirar lo que no se mira, de lo que merece ser mirado, las pequeñas, las minúsculas cosas de la gente anónima, de la gente que los intelectuales suelen despreciar, ese micro mundo donde yo creo que de veras alienta la grandeza del universo, y al mismo tiempo ser capaz de contemplar el universo desde el ojo de la cerradura, es decir de las cosas chiquitas, asomarme a las cosas que son más grandes, a los grandes misterios de la vida, al misterio del dolor humano, pero también al misterio de la humana persistencia en esta manía a veces, inexplicable de pelear por un mundo, que sea la casa de todos y no la casa de poquitos, o el infierno de la mayoría y otras cosas más. 

La capacidad de belleza, la capacidad de hermosura de la gente más simple, a veces de la gente más sencilla, que tiene una insolita capacidad de hermosura, que a veces se manifiesta en una canción en un grafiti, en una charla cualquiera, que nos dejó, en una charla cualquiera, la que tienen los niños, lo que pasa que los adultos nos ocupamos de convertirlo en nosotros y allí les arruinamos la vida, pero hay que ver lo que es un niño, son todos paganos.

Hace poquito, yo tuve, sufrí una tragedia, que se murió mi compañero Morgán, mi perro, mi compañero de paseos y que me acompañaba también escribiendo, porque cuando se me iba la mano, y ya llevaba 18 horas escribiendo, con su pata, me decía: ya vamos, la vida no termina acá en los libros, vení vamos a pasear juntos, y ahí nos íbamos los dos, y se murió, y que yo andaba con muy mala música en el alma, realmente hablando de pérdidas, la pérdida de Morgan fue muy importante para mí, me afecto mucho a mí, me arranco un pedazo del pecho.

Y bueno estaba así muy triste y salí a caminar por acá, por el barrio, era temprano en la mañana, no me podía dormir, me vestí y me fui a caminar, y me crucé con una nenita, chiquita, que debía tener dos años, no más de dos, que venía brincando en sentido contrario y ella venía saludando al pasto, a las plantitas, decía: “buen día pastito, buen día pastito”, o sea a esa edad somos todos paganos y a esa edad somos todos poetas. Después el mundo se ocupa de achicarnos el alma. Él dijo que esa pregunta se la hacía todos los días, para qué servía la utopía, si es que la utopía servía para algo, fíjese usted que la utopía está en el horizonte, y si está en el horizonte yo nunca la voy a alcanzar, porque si camino diez pasos la utopía se va a alejar diez pasos. Si camino veinte pasos, la utopía se va a colocar veinte pasos más atrás, o sea yo sé que jamás nunca la alcanzaré. Para qué sirve, para eso para caminar.

El siglo veinte que nació anunciando paz y justicia, murió bañado en sangre y dejó un mundo mucho más injusto que el que había encontrado.

El siglo veintiuno que también nació anunciando paz y justicia, está siguiendo los pasos del siglo anterior. 

Allá en mi infancia, yo estaba convencido de que todo lo que en la tierra se perdía, iba a parar a la luna, sin embargo los astronautas no han encontrado en la luna, sueños peligrosos, ni promesas traicionadas, ni esperanzas rotas, si no están en la luna, ¿dónde están?. ¿Será que en la tierra no se perdieron, será que en la tierra se escondieron y están esperando, esperándonos?.

Y cómo no, eso de que el mundo está hecho de átomos si, si, el mundo no está hecho de átomos, el mundo está hecho de historias dijo eso. 

Bueno, yo creo que sí, el mundo debe estar hecho de historias, porque son las historias que nos cuentan, que uno escucha, que uno recrea, que uno multiplica, son las historias las que permiten convertir el pasado en presente y las que también permiten convertir lo distante en cercano, lo que está lejano en algo próximo, imposible, y visible, el mundo es eso, reveló, un montón de gente, un mar de fueguitos, no hay dos fuegos iguales, cada persona brilla con luz propia entre todas las demás, hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores, hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento, y hay gente de fuego loco, que llena el aire de chispas, algunos fuegos, fuegos bobos no alumbran ni queman, pero otros, otros arden la vida con tantas ganas, que no se pueden mirarlos sin parpadear y quien se acerca se enciende.

Eduardo Galeano

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