Mi esposo me llamó idiota después de que me atropelló una moto. Empecé a tratarlo cómo un niño...
Ahí estaba yo, tirada en el pavimento después de que una moto 🛵 en pleno cruce peatonal. Adolorida, asustada, y lo primero que escucho es la voz de mi esposo:
—¡Pero qué idiota! ¿Por qué no miras por dónde vas?
Me quedé helada. ¿En serio? ¿ESO era lo primero que se le ocurría decir?
El conductor de la moto se quitó el casco, claramente nervioso. Pero antes de que pudiera hablar, mi esposo continuó:
—Es que mi esposa es tan torpe. Siempre anda en las nubes.
El motociclista lo miró con una expresión que no supe descifrar en ese momento. Luego me miró a mí, todavía en el suelo, y dijo:
—Señor, YO me pasé el semáforo en rojo. Ella cruzaba correctamente. La culpa es completamente mía.
Mi esposo parpadeó, confundido, como si no procesara que alguien estaba defendiéndome.
—Bueno, pero ella debió...
—No —interrumpió el conductor con firmeza—. No hay "pero". Yo cometí una imprudencia grave. Señora, ¿está bien? Ya llamé a la ambulancia.
En urgencias, mientras me revisaban golpes y raspaduras, mi esposo seguía con su cantaleta:
—De todas formas, deberías fijarte mejor. Yo siempre te digo que mires para los dos lados.
El conductor de la moto, que había insistido en acompañarnos al hospital, intervino nuevamente:
—Con todo respeto, señor, su esposa hizo todo bien. Yo soy quien debe disculparse. —Se volvió hacia mí—. Señora, me haré responsable de todos los gastos médicos, terapias, medicamentos, todo. Aquí está mi información y la de mi seguro.
El doctor me miró con compasión. El motociclista me miraba con preocupación genuina. Mi esposo miraba su teléfono.
Pero entonces, como un rayo de inspiración divina, se me ocurrió LA idea.
**La venganza llegó al día siguiente.**
Mi esposo buscaba las llaves del carro por toda la casa.
—¿Dónde dejé las malditas llaves?
Me acerqué con mi mejor voz de maestra de preescolar:
—Ay, mi amor, ¿se te perdieron las llaves OTRA VEZ? A ver, vamos a pensar con calma. ¿Dónde las vio papi por última vez? Vamos, usa tu cabecita.
Se me quedó viendo como si le hubiera hablado en mandarín.
—¿Qué te pasa?
—Nada, mi vida. Es que veo que tienes problemitas para recordar cosas simples. Como recordar que tu esposa no es idiota, por ejemplo. ¿Quieres que te haga un dibujito?
Esa misma tarde, se golpeó el dedo con la puerta del carro. Antes de que pudiera quejarse, yo ya estaba ahí:
—¡Ay, pobechito! ¿Se hizo pupa? A ver, muéstrame. Mira, hay que tener MUCHO CUIDADO con las puertas, ¿sí? ¿Necesitas que te ponga una curita de Paw Patrol? Oh, espera, ¿o eres muy torpe para aprender?
—Deja el drama.
—¿Drama? No, mi cielo. Solo estoy usando TUS palabras. ¿No te gustan cuando te las devuelven?
Al tercer día, llegó a casa el cheque del seguro del motociclista. Una cantidad generosa que cubría gastos médicos, daños, molestias y más.
Mi esposo lo vio y dijo:
—Qué bien, podemos usar ese dinero para...
—Para NADA —lo interrumpí—. Este dinero es MÍO. Yo fui la atropellada. Yo fui la idiota torpe, ¿recuerdas?
—Ay, ya supéralo. Fue un comentario.
—¿Supéralo? —me reí sin humor—. Claro, bebé. Déjame explicártelo con palabras sencillitas para que lo entiendas: Cuando tu esposa está tirada en el pavimento, herida y asustada, la apoyas. No la insultas.
—Estás exagerando.
—¿Sabes qué? Tienes razón. Estoy exagerando. Exagerando el tiempo que llevo en este matrimonio.
La semana siguiente, mientras él buscaba sus calcetines (otra vez), recibió los papeles del divorcio.
—¿QUÉ ES ESTO?
—Son papeles, mi amor. Papelitos con letras. ¿Quieres que te los lea despacito?
—¡No puedes estar hablando en serio!
—Ah, ¿ahora SÍ hablo en serio? Qué curioso, porque cuando te dije que me dolía que me llamaras idiota, pensaste que exageraba.
—¡Fue un momento de estrés!
—Y este es MI momento de claridad —respondí—. Mira, te voy a explicar algo importante: Una persona que te ama no te patea cuando estás en el suelo. Literal. Me atropellaron y tu primer instinto fue culparme. Un extraño, el que REALMENTE tuvo la culpa, mostró más compasión y respeto por mí que mi propio esposo.
Se quedó callado.
—Hasta el motociclista que me golpeó fue mejor hombre que tú ese día —continué—. Asumió su responsabilidad, se disculpó mil veces, pagó todo sin chistar. ¿Y tú? Tú solo pensaste en cómo era MI culpa.
—Puedo cambiar...
—Claro que puedes. Pero ya no es mi trabajo esperarte mientras lo haces. Usa este tiempo para aprender a no ser torpe con los sentimientos de otras personas.
Tres meses después, estaba firmando los papeles finales del divorcio cuando recibí un mensaje. Era del motociclista:
*"Hola, sé que es raro, pero quería saber cómo seguías de salud. Y disculparme otra vez. Espero que estés mejor."*
Le respondí que sí, que estaba mucho mejor. Y era verdad.
De hecho, nunca había estado mejor.
Resulta que a veces necesitas que te atropelle una moto para despertar y ver que ya estabas herida desde hace tiempo... solo que por las palabras equivocadas de la persona equivocada.
**P.D.** El motociclista y yo tomamos café algunas semanas después. No, no es mi nuevo novio (aunque es increíblemente respetuoso y amable). Pero sí es un recordatorio de que las personas que cometen errores y lo admiten valen más que las que nunca se equivocan pero jamás piden perdón.
Mi ex esposo, por cierto, tuvo que aprender a encontrar sus propias llaves. Y sus propios calcetines. Y aparentemente, eso fue más difícil que encontrar humildad.
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**¿Alguna vez un momento difícil les mostró la verdadera cara de alguien cercano? ¿Fue la señal que necesitaban para hacer un cambio importante en su vida?**
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