sábado, 31 de enero de 2026

Últimamente lo he visto más cansado...

Últimamente lo he notado más cansado.
No sé en qué momento dejó de caminar con ese ritmo seguro que siempre llevaba, ni cuándo empezaron a asomarse esos suspiros largos cuando se pone de pie.
Son señales pequeñas, pero duelen…
porque uno las entiende aunque no quiera aceptarlas.

A veces lo veo detenerse en mitad de una oración, buscando una palabra que antes tenía lista.
O quedarse mirando la televisión sin realmente estar ahí.
Y aunque su voz conserva esa firmeza que me enseñó respeto de niño, hay algo en sus ojos…
una especie de cansancio suave, silencioso, inevitable,
que me hace saber que el tiempo está haciendo su trabajo.

Verlo envejecer ha sido una de las lecciones más duras de mi vida.
Durante años pensé que era invencible.
Él era el que podía con todo:
el que cargaba cajas, problemas, cansancio, y aun así encontraba fuerza para ayudarme con mis tareas, para aconsejarme, para arreglar lo que se rompía sin pedir nada a cambio.

Y ahora, sin darme cuenta, soy yo quien a veces lo toma del brazo cuando caminamos.
Y en ese gesto tan simple se esconde una verdad que atraviesa:
la vida cambia, y un día los roles también.

No es que él sea débil ahora.
Es solo que la edad empieza a reclamar espacio,
a recordarme que no lo tendré siempre,
que el cuerpo que un día sostuvo mi mundo merece descanso,
que la fortaleza también se cansa,
y que el amor verdadero también es aprender a sostener a quienes antes nos sostuvieron.

Por eso, cuando estoy con él, intento estar de verdad.
Sin prisa.
Sin interrupciones.
Sin ese apuro absurdo que el mundo impone.
Lo escucho aunque repita la misma historia tres veces,
porque cada una guarda un pedazo de su vida,
y cada pedazo es un regalo que algún día voy a necesitar para no sentirlo tan lejos.

Me quedo a su lado un rato más.
Lo abrazo un poco más fuerte.
Le digo cosas que antes daba por sentadas.
Porque sé que todo lo que hoy parece cotidiano, un día será recuerdo.
Y los recuerdos, cuando ya no están quienes los formaron,
duelen.

Verlo envejecer me rompe, sí…
pero me rompe más imaginar el día en que solo podré buscarlo en mi memoria.
Así que ahora lo miro, lo escucho, lo acompaño…
porque no quiero que el tiempo me robe la oportunidad
de amarlo bien mientras aún está aquí.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario