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domingo, 15 de mayo de 2016

PRELUDIO PARA CABRAL (6): "Mi héroe personal será siempre la señora Eva Perón"


PRELUDIO PARA CABRAL (6): "Mi héroe personal será siempre la señora Eva Perón"


Facundo, la tragedia te ha buscado conversación muchas veces. Hay un momento terrible en tu vida. El episodio donde se cayó un avión con tu mujer y tu hija que iban a bordo.


Ah, sí…Un día entré a tomar un café a la cafetería del hotel en San José de Costa Rica; yo tenía 40 años y ella llegó, como la canción, fue mi canción, es más, sigue siendo mi canción. Fue la única pareja así. Ella tenía 18 años y estaba bellísima. Después recordé que la había visto unos días antes, en alguna parte, porque había sido segunda finalista del Miss América y portada de Playboy. Era bellísima… Y yo soy un animal que le presta mucha atención a toda esa cosa erótica; me gusta ver, me gusta tocar. Yo no me perdí nunca la fiesta, me gusta el fuego…Entonces, ella estaba con sus padres y yo supe que era mi mujer, así que me acerqué y le dije: “Oye, eres mi mujer, te vine a buscar”. Fue una cosa rarísima porque la verdad es que no quise ser ingenioso.

Fue una frase absolutamente espontánea.

Ni exageré mi argentinidad, ni me comporté como un argentino clásico, no, yo lo sentí. Fui, y los padres me miraron como diciendo: “¿Y este loco?” Y ella me miró. Ella tan bella y yo tan feo. Y le dije a los padres en un momento: “Es cierto”. Y ellos no pudieron reaccionar; hoy son grandes amigos míos. Fui a su cuarto, hizo sus maletas y se vino a mi habitación y, bueno, fueron cinco años viajando por todo el mundo. Fue conmigo a Hiroshima, a Kioto, a Pekín, a Shanghái, ¡qué sé yo! Cruzamos en el transiberiano de Moscú a Pekín, y en esos cinco años nació una niña. En una ocasión que fui a cantar a la Universidad de Harvard, ella me estaba esperando en Los Ángeles con la niña. Yo debía encontrarme con ella para seguir a Chicago pero mi vuelo se atrasó dos horas y perdí el avión. Ellas sí subieron y murieron. Ella de 23 y la niña de un año.

¿Cómo te marcó esa tragedia?

Uff. Después pensé: “Padre, ahora va a ser tan liviano, ¿qué me puede pasar después de esto?”

Sentías que habías tocado fondo.

Cuando me dio cáncer fue como si me hubieran dicho que tenía gripe porque eso fue un shock tan grande que quedé como un fantasma, me olvidé hasta de hablar español. Los amigos del mundo me llevaban y me invitaban, me metía en un avión y en otro, me llevaban para todos lados. Y así, de pronto, un día estaba otra vez arriba, en el escenario.

Por un momento volviste al autismo de la infancia.

Sí, y después aprendí una cosa genial que me trajo, no felicidad, pero sí una gran paz, que es más que felicidad. Aprendí que lo que uno ama, o lo que uno amó no muere, aprendí que lo que yo todavía no he amado aún no ha nacido. A mí no me pueden decir que se murió, yo no te creo, porque está en mi corazón. La Madre Teresa que murió, Octavio Paz, otro que no está, Borges… todos viven conmigo.

Y además, está su obra.

Claro, con esto pasó igual, ellas siguieron vivas, yo les sigo escribiendo canciones. El avión se cayó el 12 de junio del 78, el día que empezaba el Mundial de fútbol en Argentina, y ellas siguen estando ahí. Después empecé a trabajar mucho. Un día, la Madre Teresa me dijo una frase extraordinaria: “Mi amor ¿sabes qué es lo único que te puede matar? El amor que te está sobrando ¿dónde lo vas a poner? Ponlo en algún lugar o te va a aplastar. Ven conmigo”. Y empezamos a trabajar, a sacar de la basura, allá en Calcuta, a esos niños que sus familias tiran allí para que mueran quemados; comenzamos a salvar niñas y a criarlas, a bañar leprosos. De allí me iba al Lincoln Center a cantar y volvía corriendo. Me salvó, hizo gloriosa la segunda etapa de mi vida y hoy soy un tipo inmensamente feliz, libre y con todos los amores puestos porque lo que no puedo llevar adentro, no es mío. Creo que mi trabajo ha llegado al punto culminante porque me doy cuenta de que ahora contagio esa felicidad.

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