martes, 6 de enero de 2015

LEVANTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL (Transcripción Juana Macedo. Parte 4)



LEVÁNTATE Y ANDA. FACUNDO CABRAL
(Transcripción Juana Macedo. Parte 4)

El sentido de la vida es ella misma y solo se puede vivir cuando uno está en plenitud, es decir, cuando uno es dueño de uno mismo, que es la única propiedad posible y saludable. Vive el momento, entonces todo momento será una celebración, sin objetivos ni metas, que te turban con ansiedades que te enferman porque te distraen del presente, que te hacen perder el tiempo con el futuro que nunca alcanzarás, es decir, que es una ilusión más, es decir un lento suicidio. Como el pasado son solo ecos que enferman a tu memoria, que te encadenan a lo que ya no es.  Este momento es la única verdad y vivirlo te aliviana, te cura, te fortalece, es decir te alegra y la alegría te vuelve la inocencia, la divinidad de la que te distrajeron las órdenes culturales, las costumbres que aceptaste sin preguntas.
El universo se está recreando contigo y con todas las cosas y vamos de instante en instante, al que no pensamos, de lo contrario no podríamos vivirlo intensamente, como el orgasmo donde alcanzamos la plenitud porque la mente queda afuera, es decir, porque nos entregamos, porque nos liberamos del ilusorio control.
No te aferres a nada, deja que lo que se vaya, se vaya para siempre y enfréntate al peligro, es decir vive intensamente y la muerte dejará de preocuparte, recuerda a Merlín “Morir es haber nacido”. Y si tu alegría contagia a los que te rodean, entonces eres un artista.
Cada uno tiene que encontrar su objetivo para cada hombre guarda un nuevo camino Dios, no suicidarse siguiendo al rebaño y al camino lo inventan tus pasos y cuando llegues a vivir profundamente no dejarás huellas, como no deja huellas en el aire el vuelo de las aves.
Detente en la meditación y te escucharás, entonces conocerás el sentido de tu vida, es decir, te salvarás de perder siglos donde se distrajeron de la luminosa inteligencia que se trata de saber vivir.
La vida es simple, el miedo la complica, sin él, la plenitud llega naturalmente, es más, nacemos intuyéndola como los animales y las plantas, pero la mala educación nos va desviando de tal suerte que de pronto quedamos de espaldas a la vida, a la que terminamos creyendo un castigo o un sacrificio, inútil por cierto como todo sacrificio, hasta llamamos desobedientes a los curiosos, y cómo es posible que la curiosidad que nos crece y que nos lleva a la sabiduría sea un pecado, cómo es posible que la ignorancia sea una virtud, si estamos hechos a semejanza de Dios. Adán y Eva no fueron pecadores, sino los primeros revolucionarios,  el primer dato de la dignidad humana porque a partir de su desobediencia llegamos al arte a la filosofía, de lo contrario seguiríamos pastando en el jardín del edén. Además si sucedió lo que sucedió es porque Dios lo quiso, o Dios no es el creador del universo, el autor de todas las historias que suceden en el infinito y la eternidad.
Muchos creen que sufrimos porque estamos condenados, por eso estamos obligados a grandes sacrificios para sobrevivir, para borrar los pecados de las vidas pasadas, como si Dios fuera un juez no un Padre, como si el pasado y el más remoto fuera posible en el presente, lo malo se paga enseguida y esa deuda es invento de nuestra conciencia, no de Dios, como la mano que meto en el fuego se quema ahora, no mañana, en el mismísimo acto está la recompensa o el castigo, no se puede seguir cargando una cruz dos mil años después. (Sigue parte 5)

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