jueves, 26 de marzo de 2015

NUESTROS SUEÑOS. LOS TRES ÁRBOLES. (Transcripción Juana Macedo)





NUESTROS SUEÑOS
(Transcripción Juana Macedo. Lecciones de Vida)

Éranse una vez, en la cumbre de una mañana, tres pequeños árboles juntos que pensaban sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes.

El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: “Yo anhelo guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y lleno de piedras preciosas.

¡Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!”

El segundo arbolito miró un pequeño arroyo en su camino al océano y expresó:

”Yo quiero viajar a través de aguas terribles y llevar reyes poderosos sobre mí. ¡Yo seré el barco más imponente del mundo!”

El tercer arbolito miró hacia el valle que estaba debajo de la montaña y vio a hombres y mujeres trabajando en un pueblo y exclamó: “Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Yo quiero crecer tan alto que, cuando la gente del pueblo se pare a contemplarme, levanten su mirada al cielo y piensen en Dios. ¡Yo seré el árbol más alto del universo!”. 

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron muy alto. Un día tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo:

“Qué árbol tan hermoso es este”: Y, con la arremetida de su hacha brillante, el primer árbol cayó. “Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, ¡tendré tesoros maravillosos!”. Aseguró el primer árbol.

El segundo leñador miró al segundo árbol y manifestó:”Este árbol es muy fuerte es perfecto para mí”. Y con la arremetida de su hacha brillante, el segundo árbol cayó. “Ahora deberé navegar aguas terribles” –pensó el segundo árbol-. Seré un barco imponente para reyes temidos y poderosos”.

El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el último leñador lo miró. El árbol se paró derecho, alto y apuntando ferozmente al cielo.

Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba y dijo: “Cualquier árbol es bueno para mí”. Y, con la arremetida de su hacha brillante, el tercer árbol cayó.

El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería. Mas el carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales de granja. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro ni lleno de tesoros, sino revestido con polvo de cortadora y llenado con alimento para hambrientos animales de granja.

El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso, aquel árbol fuerte fue cortado y convertido en un simple bote de pesca, era demasiado chico y débil para navegar en el océano o en un río, y fue llevado a un pequeño lago.

El tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera. ¿Qué estará pasando? –se preguntó el árbol-. Yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y apuntar a Dios…”

Muchísimos días y noches pasaron. A los tres árboles ya casi se les había olvidado sus sueños. No obstante, una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimentos.

“Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al Niño” –le dijo su esposo a la mujer. La madre asió la mano de su esposo y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. Luego, la mujer dijo: “Este pesebre es hermoso”

Y, de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del mundo. 




Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro del lago. De pronto, una asombrosa y aterradora tormenta llegó al lago. El pequeño árbol se llenó de temor, sabía que no tenía la fuerza para llevar a salvo, con ese viento y lluvia, a todos los pasajeros a la orilla. El hombre cansado se levantó y, alzando su mano, dijo: “Calma”.

La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y el segundo árbol supo que llevaba navegando al Rey del cielo y de la tierra.


Un día, en la mañana, el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel olvidado almacén de madera. Se asustó al ser llevado entre una impresionante multitud de personas enojadas, Se llenó de miedo cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Más, un domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo.

Este hizo que se sintiera fuerte. Así, cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, pensaría en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.


La próxima vez que te encuentres deprimido, porque no conseguiste lo que tú querías, sólo siéntete firme y sé feliz porque Dios te está preparando algo mejor.

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