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miércoles, 28 de octubre de 2015

El profeta de Gibrán. DEL TRABAJO




DEL TRABAJO

Un labrador pidió:

- “Maestro, háblenos del trabajo”

Entonces Al Mustafá dijo:

- “Trabajan para ir a ritmo de la tierra y del alma de la tierra porque no hacer nada es apartarse de las estaciones. Es apartarse del cortejo de la vida que camina graciosa y majestuosamente hacia el infinito. Cuando trabajan se convierten en la flauta que transforma las horas en una bella melodía que armoniza con esa sinfonía que es el universo.

Por eso el trabajo no es un castigo ni una maldición sino una parte del sueño de la tierra. Por eso al trabajar estan amando a la vida, y amar a la vida a través del trabajo es conocer sus secretos.

Pero a los que creen que es un dolor el nacimiento y que llevan una maldición escrita en la frente, les digo que sólo el sudor que provoca el trabajo puede borrarla para recapacitar y comenzar de nuevo.

La vida es oscuridad sin el trabajo, pero toda actividad es ciega si no hay conocimiento, como todo conocimiento es vano sin trabajo. Si no se confirma con el trabajo, como todo trabajo es vacío si no hay amor, porque trabajar con amor es armonizar con ustedes, con los otros y con Dios, es decir, con todo.

Trabajar con amor es tejer la tela con hilos de vuestro corazón como si los amados de ustedes fueran a usar esas telas. Trabajar con amor es levantar una casa con cariño, como si los amados de ustedes fueran a habitarla. Es sembrar con ternura y cosechar con alegría, como si los amados de ustedes fueran a alimentarse con esos frutos.

Trabajar con amor es iluminar a todas las cosas con vuestro espíritu. Es homenajear los que los engendraron.

Los escucho decir como en sueños que el que trabaja en el mármol y tallan la piedra la forma de su alma es más noble que el que abre los surcos, que el que atrapa el arcoíris en una tela es más noble que el que hace las sandalias. Pero yo les digo, no en sueños sino en plena vigilia, que el viento le habla con la misma ternura a los gigantescos robles que a las hierbas más pequeñas, y que sólo es grande el que transforma la voz del viento en música, el que transforma cualquier acto en belleza gracias al amor. Y el trabajo es la presencia del amor, hagan puertas o esculturas. Y si no pueden trabajar con amor, si lo hacen con disgusto, dejen la tarea y siéntense a la entrada del templo para pedir limosna a los que trabajan con alegría, porque si amasen el pan con indiferencia estarán haciendo un pan amargo que no calmará el hambre de sus hermanos.

Y si pisan las uvas con mal humor, envenenaran al vino. Y aunque canten como los ángeles, si no aman al canto están impidiendo que los demás escuchen las voces del día y de la noche, es decir, las voces de la vida. Y si no es para declarar la vida…. ¡para qué cantar!”.

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