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miércoles, 24 de septiembre de 2014



FACUNDO CABRAL Su mejor Testimonio - Segunda parte. (Transcripción Juana Macedo)

Escuché a un turco que decía: Llegó un Presidente nuevo que parece que está preocupado por los pobres se llama Perón, y por Dios no tomen esto como un anuncio político, yo descreo absolutamente de la política, descreo de todo lo que obliga a dividir, lo que empobrece y las ideologías ya le han hecho mucho mal al mundo. Tenemos que buscar lo que tenemos en común, por eso justicia es armonía de desiguales, izquierda y derecha son solo los costados de un camino, no hay otro, además ya hay una ley y es muy fácil de recordar: son los diez mandamientos, no me hace falta ningún congreso, nada.  Mi ética, mi moral me exige amar al prójimo como a mí mismo, entonces de  ahí en más todo será justicia y así se han hecho las mejores comunidades, las otras viven en pleito.

Escuché el nombre de Perón y me fui a buscar a Perón, yo tenía 8 años, tardé tres meses y medio en llegar hasta Buenos Aires, esos 3500 kilómetros, colgado en algún tren, en algún camión y llegué. Mi madre a partir de ese día, pensó que yo podía conseguir todo y tenía razón, yo creo en los milagros. Llegué a una estación de trenes que se llama Constitución y pregunté: ¿Dónde puedo hablar con Perón? Imagínate, el vendedor de verduras que le pregunté, la cara que habrá puesto, un niño que llega a Washington diciéndole cómo hablo con el señor Clínton?... Y él me dijo: Muy fácil por esta misma avenida la 9 de Julio, hasta una avenida que se llama 2 de Mayo, doblás a la derecha y te encontrás con una Plaza muy fea y una casa rosada muy fea, ahí está el Presidente. Pero va a ser difícil que él te atienda, me dijo, pero mañana va a la ciudad de la Plata que está a 50 kilómetros de aquí, porque es el aniversario de la ciudad, va a ir él con Eva Perón y yo fui a buscarlo hasta la Plata, ya estaba muy cerquita, este hombre me pagó el tren y me dio un dinero para comprar algo de comida. Fue mi primer amigo en Buenos Aires, lo sigo teniendo, Hoy tiene 85 años, él es como un hermano muy cercano, gracias a Dios nunca lo perdí, un día contesto en televisión y él llamó por teléfono y lo recuperé, después de tantos años, ni se acordaba que era yo.

Y había una multitud muy grande esperando al lado frente a la Catedral al Presidente y a Eva Perón  porque había un Tedeum, y yo era pequeño y la policía no se cuidaba de mí, viste, había un cordón y además era raquítico, yo era muy chiquito y logré pasar y llegué al auto del Presidente y me dijo que queres? Y le dije un trabajo, tengo 2 hermanos y una madre y la tierra del fuego está muy mal y Eva llamó a un señor y le dijo encárguese de esto. Y conseguimos una escuela, imagínese lo que era una escuela, nosotros cuidábamos la escuela, y limpiábamos la escuela, cuando se iban los niños, sacábamos los bancos de la aula y poníamos dos colchones y dormíamos, los tres hermanos en un colchón y mi madre en otro,  era un paraíso y 160 pesos se sueldo que era más o menos un 30 o 40 por ciento menos de lo que ganaba un empleado en un banco, era como una fortuna para nosotros, era como 300 dólares, imagínate lo que era.

Mi madre la llevaron a internar a Buenos Aires, fíjense lo mal que estaba, que estuvo un año y  dos meses internada en Buenos Aires, la salvaron y mis hermanos sobrevivieron de milagro. Al poco tiempo me internaron a mí durante tres semanas porque cuando mi madre ya volvió de internarse en Buenos Aires, porque yo tenía problemas serios mentales. Yo tenía un solo sueño, el único sueño que tenía era conocer a mi padre y matarlo, ese era mi sueño, lo deseaba con fervor, imagínate cuando me contabas hoy lo de El Salvador, ese señor que me impresionó mucho, yo busqué años a mi padre para matarlo, imagínate como estaba. El segundo sueño, si es que me daban una chance,  el segundo sueño después de eso, cuando iba a dormir, morir… yo no quería vivir, entonces no hablaba. Hablé milagrosamente con Perón ese día porque era una obligación, yo a los 6 años recién hablé, la primera palabra que dije fue Sara que era el nombre de mi madre y ya no hable más. Tenía problemas cerebrales muy serios entonces cuando me internaron a las 3 semanas, el médico le dijo a mi madre: Mire señora no se haga ninguna ilusión intelectual con su hijo, porque perdió muchas neuronas, entonces él podrá hacer algún oficio simple, peón de campo, albañil y mi madre preguntó por qué? Porque perdió muchas neuronas. Mi madre por supuesto no sabía que era una neurona, preguntó que era una neurona, el médico le explicó, cuando salimos mi madre me abrazó y me dijo: “No te hagas ningún problema, con las poquitas que quedan vamos a hacer lo máximo posible”… (Aplausos)


Anteanoche fue el último concierto, cuando o siempre que voy a salir a un teatro como este teatro precioso en Asturias, o al Lincoln Center de Manhattan, o a alguna Universidad como la Sorbona en París o Cambridge en Inglaterra, Oxford, cuando me invitaba a desayunar Borges o Bradburí siempre recuerdo esta anécdota de las neuronas. Cuando recuerdo que llevo 31 o 32 libros escritos, siempre me recuerdo lo de las neuronas. Por suerte después sí aprendí que el intelecto es solo una herramienta para el espíritu, todo eso sin amor no sirve para nada, es nada más que un exceso de información que más te obstruye y te confunde que lo que te alivia, la felicidad va por otro lado y la sabiduría viene del corazón, no es de la cabeza, pero una cabeza entrenada se puede dar cuenta de las circunstancias, hacer una buena mención, solo eso, es un técnico en mi vida… (Continúa)

1 comentario:


  1. A ti, Beto Solis, Lucy Angelica Barrueto Moreno y 11 personas más les gusta esto.

    Liliana Bruno Maestro cuanta sabiduría!
    Ayer a las 0:38 · Ya no me gusta · 1

    Juana Macedo Increible, de niño solo tenía un sueño buscar a su padre para matarlo, y su otro sueño después de eso, cuando iba a dormir, morir... no quería vivir
    Ayer a las 8:10 · Me gusta · 1

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